La mayor parte de las distintas clases de poder exigen un gran sacrificio por parte de quien quiera tener ese poder. Hay un aprendizaje, una disciplina que dura años. Cualquiera que sea la
clase de poder que se busque. Presidente de la compañía. Cinturón negro de karate. Gurú espiritual. Atleta profesional. Sea lo que sea lo que se persiga, hay que ponerlo en el tiempo, en la práctica, en el esfuerzo, hay que sacrificar muchas cosas para lograrlo. Tiene que ser muy importante para uno. Y, una vez que se alcanza, es el poder de uno mismo; no se puede delegar: reside en uno.
Es, literalmente, resultado de nuestra disciplina. Ahora bien: lo interesante de este proceso es que, en el momento en que alguien adquirió la capacidad de matar con sus manos, también maduró hasta el punto en que sabía cómo utilizar ese poder. No lo utilizaría de manera imprudente. Así que esa clase de poder lleva una especie de control incorporado: la disciplina de conseguir el poder cambia a la persona, de manera que esa persona no hace mal uso de su poder.
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Un maestro de karate no mata
gente con las manos desnudas; no pierde los estribos y mata a su esposa. La
persona que mata es la que no tiene disciplina, no tiene restricciones, y que
salió y adquirió su poder como una dosis de droga.
Ian Malcolm en Parque Jurásico (la novela, claro)
Que recuerda un poco al
Un gran poder conlleva una gran responabilidad









